
ARDE BIKINI
Durante 4 años vivimos en un piso en un barrio de Madriz frente a la Casa de Campo.
Un 4º sin ascensor, igual de fabuloso que caluroso.
Trabajaba a 3 paradas de metro de casa.
Los veranos eran duros nivel 10 en nuestro nido.
Cuando volvía del trabajo a eso de las 15:30, con ese calor del asfalto pegado a mi cuerpo, lo único que quería era leer.
Me daba una ducha, me quedaba en camiseta y bragas, bajaba las persianas, me ponía el ventilador a pie de cama (creo que no teníamos sofá) y leía los libros de Tinto de Verano de Elvira Lindo.
Eran un vicio y un refresco para mis orejas, mi ánimo y el calor.
Entre tanto, soñaba y fantaseaba con las próximas vacaciones.
A ser posible, con algún momento de bikini en alguna playa chula.
Creo que ese verano nos lanzamos a visitar Croacia.
Algo que me pasó durante muchos, muchísimos años era comer y empezar a ver mi tripa hincharse.
Yo era de lucir bikini y tripa desinflada, por la mañana y hasta la comida. (Nunca he tenido un abdomen tocado por las diosas del Olimpo de esas de tableta)
Después, aunque me tomará una aceituna, ¡zas! ahí salía.
Y si ya me tomaba la paella, las cervezas, el aperitivo… mi tripa se hinchaba de forma desproporcionada para mi peso.
Pasaban cosas y yo todavía no lo sabía.
Pero ahora sí y en este curso te voy a contar como remediarlo.
¡Vamos con ese bikini 👙!
Dame la mano que empezamos
